
Que Zinedine Zidane es una de las figuras más importantes de la historia reciente del Real Madrid es un hecho que queda fuera de toda duda. Lo fue como jugador, lo fue como segundo entrenador, lo fue como primer y uno técnico en levantar tres Champions seguidas… y lo sigue siendo como seleccionador francés.
Zizou ha llegado a entrenar al conjunto bleu, y su mano ya se nota. La afición gala está entusiasmada ante la nueva etapa que se abre ente ellos de la mano de Zidane. Y dentro de todos los emocionados, Eduardo Camavinga y, de rebote, el madridismo, también despiden el parón con ilusión tras lo visto.
El mejor Camavinga vuelve a brillar con Zidane
Después del durísimo varapalo que supuso para el centrocampista del Real Madrid quedar fuera del Mundial, regresó a representar a su país en la primera convocatoria de Zizou. Una convocatoria en la que recuperó unas sensaciones que hacía meses que no experimentaba.
Es paradójico, porque Camavinga nunca había sido entrenado por Zidane hasta la fecha, ya que el entrenador se marchó del Real Madrid el mismo verano que él llegó. Sin embargo, en los encuentros de este parón, el centrocampista francés se reencontró con la versión de ese futbolista que brilló durante sus dos temporadas de blanco.
En el conjunto blanco lo hizo a las órdenes de Ancelotti. Y ahora, con la camiseta bleu, lo hace con Zidane, dos entrenadores que, más allá de los títulos, proceden de la misma escuela. Una escuela cuyo principal objetivo no es otro sino brindar al futbolista toda la confianza necesaria.
Una confianza a la que Eduardo respondió con clarividencia cuando vino de Ancelotti, y a la que ha respondido de la misma manera con Zidane. Y es que en el partido frente a Bélgica, Camavinga volvió a ser ese centrocampista omnipresente y diferencial que fue en sus dos primeros años de blanco.
El francés creó juego, lo destruyó, e hizo gala de un poderío físico que lo coloca muy por encima de sus rivales cuando está en forma. Y así lo demuestran sus 8 recuperaciones, 4 intercepciones y 6 contribuciones defensivas durante los 88 minutos que estuvo sobre el terreno de juego.
Pero su aportación no fue solo defensiva. Más allá de eso, protagonizó un 89% de acierto en el pase, cifras que no ha lucido durante los últimos meses con el Real Madrid, y también firmó un total de 11 pases clave en la zona de tres cuartos, lo que demuestra su presencia en el campo rival.
Sin embargo, más allá de las estadísticas, el cambio de chip de Camavinga se pudo observar en las sensaciones. Volvió a ser ese futbolista confiado en sus capacidades, y volvió a brillar sobre un terreno de juego. Un centrocampista diferencial, que destaca especialmente por su verticalidad a la hora de romper líneas.
Es una realidad que las últimas dos temporadas de Camavinga no han estado a las alturas ni de lo mostrado en años previos ni de las expectativas generadas por un futbolista de su calidad. Tal y como él mismo aseguró, propiciado probablemente por una falta de confianza latente que se acabó trasladando al césped.
Sin embargo, mientras que muchos lo daban por muerto a su 23 años, Zidane se ha encargado de demostrar que el centrocampista del Real Madrid posee aún mucho fútbol en sus botas. Y tal vez este haya sido el punto de inflexión a raíz del cual el francés pueda resurgir de sus cenizas.