
Las dos últimas temporadas no han sido ni mucho menos sencillas en el Real Madrid. No lo han sido a nivel colectivo, con dos campañas en las que el conjunto blanco ha sumado dos nadapletes consecutivos, ni tampoco a nivel individual para muchas de sus piezas.
Es cierto que el nivel global no ha acompañado y no ha ayudado a brillar a nadie. Tan cierto como que algunas piezas que fueron clave en su día, como es el caso de Eduardo Camavinga, han sufrido una involución que no solo ha llevado al francés a estancarse, sino a rendir muy por debajo del nivel mostrado antes de 2024.
Camavinga toma el camino difícil para ganarse a Mou
Han sido varias las fotos clave en las que el francés ha aparecido como protagonista. Pero no desde el punto de vista positivo. Y aquella expulsión en Múnich fue más que suficiente para que muchos en La Casa Blanca dieran por sentenciado a un centrocampista que, hasta hace no tanto, peleaba por colarse entre los candidatos a reinar en el conjunto blanco.
Por si eso no fuera suficiente, después llegó José Mourinho y dejó claras sus pretensiones: no contaba con él. Y haciendo gala de su habitual sinceridad, así se lo comunicó al futbolista, instándole a buscar una salida del conjunto blanco este mismo verano, y dejando la pelota en el tejado de Camavinga.
Para este momento, Eduardo solo tenía dos caminos por tomar: el más sencillo, el de hacer sus maletas, aceptar la decisión del técnico y buscar una buena oferta lejos de Madrid, o el más complicado, doblar esfuerzos, trabajar el triple, y convencer con hechos y no con palabras que aún tiene mucho por hacer en el Real Madrid.
Para sorpresa de muchos, Camavinga ha optado por el segundo. Y no solo con la intención de continuar en el conjunto blanco, sino con la intención de demostrar a todos que aquel jugador que brilló entre 2021 y 2024 sigue ahí.
Y así ha quedado demostrado en la primera toma de contacto de Mourinho con la plantilla en el arranque de esta nueva etapa. Según demuestran los informes médicos, el francés está en su mejor estado de forma en años. Y eso que la temporada aún ni siquiera ha arrancado.
Todo ello obedece a un trabajo incansable durante sus vacaciones, precisamente con el objetivo que él mismo constató ayer: demostrar a Mourinho una voluntad de hierro que refleja las ganas que tiene de triunfar de blanco. Y al menos en lo que respecta a la primera impresión que el luso recibió de él, fue increíblemente positiva.
Tras el mazazo de quedar fuera del Mundial, Camavinga tenía dos opciones: hundirse o renacer. Y a sus 23 años, que a veces es un detalle que se olvida, ni siquiera se planteó la posibilidad de abandonar la creencia de que todo ese potencial que ha demostrado a lo largo de las últimas temporadas se ha perdido.
Aún queda mucho trabajo por hacer, y tiene la difícil tarea de convencer a Mou de que sigue siendo un futbolista perfectamente válido. Pero dentro de ese larguísimo camino, el primer paso, y tal vez el más difícil, ya lo ha dado. Ahora solo queda por ver qué está por venir.