
Llegó el ‘Día D’ esperado por todos. Después de largos meses de espera, el Real Madrid 2.0 de José Mourinho echaba a andar de manera oficial en competición liguera. Un encuentro en el que el conjunto blanco podría poner en práctica todo lo demostrado durante la pretemporada.
Enfrente, un siempre competitivo Espanyol que llegaba decidido a que el conjunto blanco no se llevase los tres puntos a la capital. Y en la alineación, alguna sorpresa: Cucurella y Diomande, dos de los fichajes estrella, no formaron parte del primer once inicial de Mou.
Igualdad en juego y marcador en la primera parte
La primera parte comenzó con una palabra que definió a la perfección los primeros 45 minutos: intensidad. Y en ocasiones, exceso de ella, pues no pasaron ni 3 minutos de juego cuando Vini, después de recibir la primera falta del encuentro, fue pateado en el suelo por Cala, en una acción en la que sorprendentemente no hubo amarilla.
La intensidad del Real Madrid tenía más que ver con lo puramente futbolístico. La altísima presión de los de Mou ponía en verdaderos problemas la salida de balón del Espanyol, que durante los primeros compases de juego no pudo hilar más de cinco pases seguidos.
El Real Madrid intensificó en ese inicio del encuentro sus acercamientos a la portería blanquiazul. Y en un balón parado, un excelso centro de Arda Güler encontró la parábola perfecta hacia el punto de penalti, lugar en el que encontró otro excelente cabezazo de Jude Bellingham que puso el primero del conjunto blanco en el marcador.
Un gol con el que el inglés volvía a inaugurar la tabla de goleadores de la temporada blanca tres años después, tal y como ya lo hiciera en la temporada 2023/24. Y tras el tanto, el conjunto blanco no levantó el pie del acelerador, y se lanzó en busca del segundo.
Precisamente los autores del primer tanto, Güler y Bellingham, comandaban los ataques de un Real Madrid que se sentía muy cómodo sobre el verde. De hecho, de un pase del turco nació otra gran oportunidad para Dumfries, que, en esta ocasión, se encontró con una gran parada de Dmitrovic.
Poco a poco, los locales comenzaron a igualar las fuerzas y a recuperar el esférico, probando por primera vez a Courtois en el ecuador de la primera mitad. Sin embargo, el conjunto blanco seguía llevando el peso del partido en campo rival.
Sin embargo, en pleno crecimiento del Espanyol, los pericos encontraron una gran combinación en la frontal del área, y, tras una apertura al costado izquierdo, un centro lateral encontró el remate de Cala que se convirtió en el empate, devolviendo la igualada al marcador.
El conjunto blanco trató de sacudirse del golpe del Espanyol, y Mbappé firmó una jugada individual con la que se plantó en el área perica. Sin embargo, su golpeo con la pierna derecha volvió a ser repelido por Dmitrovic, que volvía a asentarse como el salvador de los locales.
Al borde del descanso, la presión blanca no era la misma que al principio del encuentro, y con el pitido final de la primera mitad, Mourinho enfiló los vestuarios decidido a cambiar el encuentro de cara a la segunda parte.
Carlos Espí remata una segunda mitad muy sufrida
Y así fue. La segunda mitad arrancó con un Real Madrid mucho mejor plantado que en los últimos minutos de la primera mitad. De hecho, la segunda parte comenzó exactamente igual que lo hizo la primera: con la segunda amarilla perdonada a Cala tras una dura patada sobre Carreras.
A pesar de que el conjunto blanco comenzaba más dominante, el Espanyol amenazaba al contragolpe, y precisamente Cala, que debía estar expulsado, tuvo la primera ocasión de peligro de la segunda mitad.
El conjunto blanco devolvía el golpe, y estuvo a punto de volver a adelantarse con una jugada calcada a la del primer gol: un centro de Güler encontró un poderoso remate de Bellingham. Sin embargo, en esta ocasión, Dmitrovic sí acertó a repeler el balón con la ayuda del larguero. En el rechace, Mbappé no acertó a rematar a puerta vacía.
El Real Madrid parecía mejor plantado, pero poco a poco, el partido comenzó a entorpecerse debido a las continuas faltas del equipo local, hasta el punto de que el colegiado comenzó a sacar tarjetas amarillas a los locales.
En una jugada de ataque pasada la media hora, pidió penalti Vinicius, en una acción en la que hubo contacto dentro del área, pero no pareció suficiente como para señalar la pena máxima, y asimismo lo señaló el colegiado.
Poco a poco, Mou fue moviendo el banquillo, y Cucurella y Diomande debutaron en el estadio perico en competición oficial con el conjunto blanco. Y con el paso de los minutos, el conjunto blanco lograba encerrar cada vez más a los pericos en su área.
Sin embargo, el gol no terminaba de llegar. Mbappé, Vini, Diomande y Bellingham recibían constantemente en la zona de tres cuartos del campo rival, pero la concentración de hombres blanquiazules hacía complicado buscar una ocasión clara de gol.
Alcanzados ya los 10 últimos minutos del encuentro, Mou optó por quemar todas las naves, y dio entrada a Carlos Espí como principal referencia ofensiva ante un Espanyol que ya defendía con diez hombres de campo en su propia área.
Sin embargo, ni por esas parecía encontrar la vía hacia la portería el Real Madrid. Ya completamente volcado en el ataque, parecía faltar clarividencia de cara a portería en los últimos metros. Y con toda la pólvora ya sobre el césped, ya parecía que el conjunto blanquiazul comenzaba a saborear el punto que se llevaría en el debut liguero.
Pero no estaba todo dicho. Y el que menos tiempo llevaba en el campo, Carlos Espí, resultó ser el más listo de la clase. Tras una internada por la banda de Mbappé, el balón quedó muerto dentro del área perica, y el joven delantero español se coló entre todos, controló el esférico, regateó a Dmitrovic con soltura y marcó a portería vacía, haciendo gala de lo que ha demostrado hasta la saciedad: ser un ‘9’ total.
Poco más hubo que decir, pues el tanto llegó en el descuento, y el conjunto local, que ya había dado por bueno el empate, poco o nada tuvo que decir. Así, la segunda etapa de Mou comenzó con 3 puntos que supieron a gloria por lo complicado que fue conseguirlos. Y lo hace de la mano del que puede postularse como una de las armas ofensivas más inesperadas del verano: un Carlos Espí que vivió su primera gran noche de blanco.