
El de ayer fue mucho más que el último partido de este Mundial para Francia. La dura derrota sufrida por el combinado galo supone –a falta de la disputa por el tercer y cuarto puesto- el fin de la era de Didier Deschamps. Un entrenador que ha dirigido a un equipo sumamente dominante, y que se van con una Copa del Mundo bajo el brazo.
Posiblemente, la superioridad mostrada por Francia durante estos 10 años no ha correspondido a su calidad a nivel de títulos. Ha disputado 2 de 3 finales de un Mundial, pero no ha logrado establecer el dominio absoluto que su equipo podría haber establecido.
El fin de Deschamps… y el momento de Zidane
Pero como la historia nos ha enseñado a lo largo de los siglos, el fin de una civilización siempre trae el nacimiento de otra nuevo. Y de las ruinas de una Selección Francesa que hizo historia a su manera, nacerá el nuevo proyecto de un hombre que ya ha hecho historia con la camiseta bleu: Zinedine Zidane.
Era un secreto a voces que se confirmó recientemente: el ganador de aquel Mundial de 1998, en el que anotó un doblete en la final ante Brasil, no había regresado a los banquillos desde mayo de 2021 con un objetivo claro en mente: dirigir de una vez por todas a la Selección Francesa.
Y lo cierto es que Zizou ha tenido que tener paciencia, pues ha pasado ya un lustro desde que se sentase en un banquillo por última vez. Concretamente, desde que abandonase el Real Madrid en su segunda etapa, aquel mayo de 2021 que, pese a ser el inicio de una nueva etapa para el conjunto blanco, muchos aún recuerdan con tristeza.
Desde entonces, Zizou ha visto desde el confort de su casa a su país disputar varios torneos: el Mundial de Qatar, la Eurocopa de Alemania, y este último Mundial de Estados Unidos. El resultado, sin embargo, ha sido el mismo en las tres ocasiones: Francia se ha ido de vacío.
Un hecho al que no está acostumbrado un Zidane que, de su etapa en el Real Madrid, sale a varios títulos por temporada: en cuatro temporadas y media al frente del banquillo blanco, Zidane levantó 10 títulos, entre los que destacan las 3 Champions League consecutivas con las que se coló en el Olimpo futbolístico para la historia.
Sin embargo, entre la suma de entre las dos etapas que estuvo al frente del banquillo del Real Madrid, más allá de los títulos, lo que más destacó de Zizou fue lo mismo que ocurrió durante su etapa como jugador blanco: el profundo amor y admiración que profesaba hacia el escudo.
De hecho, al inicio de su segunda etapa al frente del banquillo merengue, dejó una frase que aún resuena en la cabeza de muchos madridistas: “Estoy aquí porque quiero mucho a este club y al presidente”. No le importó poner en juego un legado imposible de superar. Simplemente el Real Madrid le necesitó, y, como siempre, él estuvo ahí.
Ahora, nuestro Zizou emprende una nueva aventura en los banquillos, aunque esta vez lo hará lejos del Santiago Bernabéu. A pesar de ello, y a pesar de que ahora lo hará con unos colores que no son los nuestros, a una persona que nos ha dado tantas alegrías y que siempre ha mostrado tanto respecto hacia nosotros, solo podemos desearle la mejor de las suertes.