
Ayer, José Mourinho volvió a ganar un título con la camiseta del Real Madrid. Un trofeo amistoso, sí, pero la sensación de ver al luso volver a triunfar de blanco es un aliciente para empezar con ilusión la temporada. Y más aún en un torneo tan decano como lo es el Teresa Herrera.
Hacía ya 13 años de la última en la que el conjunto blanco disputó este torneo. Una ocasión en la que el Real Madrid jugó gratis ante la compleja situación del Dépor. Gesto que, su presidente, Augusto César Lendoiro, no dudó en agradecer. Pero como el fútbol tiene una memoria muy corta, ayer nadie en Riazor pareció acordarse de aquello.
Riazor vuelve a hacer gala de un antimadridismo intrínseco
Que el Real Madrid genere antipatía allá donde vaya en España es algo a lo que ya nos hemos acostumbrado. No importa el señorío, las ayudas económicas, o cualquier gesto que pueda tener el conjunto blanco. El Real Madrid siempre será recibido entre hostilidades en España. Algo muy distinto a lo que ocurre en los campos europeos.
Y dentro de toda esta vorágine de odio, a lo largo de los últimos años, hay un jugador que ha asumido el rol de diana perfecto para las aficiones rivales: Vinicius Jr.. El ‘7’ ya se ha acostumbrado a las oleadas de odio en España allá por donde vaya. Y así lo atestiguan las más de 30 denuncias archivadas por LaLiga por delitos de odio contra él en diversos campos.
Ayer, Riazor no fue la excepción. Desde el primer minuto en el que el brasileño recibió un balón, hasta el momento en el que salió sustituido del terreno de juego, fue silbado de forma feroz por la afición local. Y con Vini, la justificación es la de siempre: “Algo habrá hecho”.
Basta con echar un simple vistazo a la hemeroteca y al recorrido del Dépor en los últimos años para comprobar que Vini jamás había pisado Riazor. La de anoche era su primera visita el feudo gallego, en una visita en la que la presencia de un club del calibre del Real Madrid deja grandes ganancias para el club y la ciudad.
Eso no importa. El odio es el odio, y siempre que sea contra el escudo del Real Madrid, estará justificado. La cara de circunstancia de Vini al verse silbado por una afición entera, sin hacer un solo gesto durante todo el partido y sin conocer de nada ese estadio, ejemplificaba la incredulidad de todos al ver tamaña incongruencia.
Tampoco valió la excusa de que Vini hubiera provocado para ser merecedor de esos pitos. No pasó absolutamente nada que justificase ese odio desmedido. Y aunque lo hubiera, la realidad con el ‘7’ en España es siempre la misma: con Vini, no hace falta justificación para escupir odio.
Es algo a lo que los que llevamos años viviendo desde dentro al Real Madrid ya estamos acostumbrados. Y del mismo modo que le ocurre a Vini, le ha ocurrido a otras grandes estrellas como Cristiano Ronaldo. Una lista de futbolistas que son insultados por decreto, sin contexto ni pretexto.
Ese es el precio a pagar en este país por ser uno de los mejores. Y lo mismo le ocurre al club: mientras que el Barça es aplaudido allá donde vaya después de pagar al vicepresidente del CTA durante 17 años, el Real Madrid es insultado de todas las formas posibles por… ¿acceder a ayudar económicamente a un club?
Así ha sido siempre, y así parece que está destinado a ser por los siglos de los siglos. Contrariamente, fuera de España, el Real Madrid es recibido con un respeto solemne allá por donde va. Esa es la diferencia entre observar el éxito desde la admiración… y observarlo desde la envidia.