
Agosto es el mes del año en el que las temporadas suelen echar a andar y, por ello, es complejo encontrar fechas claves, más allá de fichajes o debuts. Sin embargo, hubo un tiempo, no tan lejano, en el que el fútbol aún pertenecía a los aficionados, y la Supercopa de España se celebraba, como su propio nombre indica, en España.
Un torneo que el Real Madrid ha levantado 13 veces a lo largo de su historia, repartidas entre las ediciones que se jugaban en España, y las que se marcharon a Arabia. Y tal día como hoy hace 9 años, este torneo dejó una exhibición para el recuerdo del Real Madrid contra todo y contra todos.
El día que el Real Madrid silenció el Camp Nou tras una enorme vergüenza
Corría el 13 de agosto de 2017, y el Real Madrid llegaba al Camp Nou con el objetivo de disputar la idea de este torneo. Un partido igualado, repleto aún de grandes estrellas, en el que el conjunto blanco no era aún consciente de que, más allá de los futbolistas y la afición culé, tendría otro rival: De Burgos Bengoetxea.
El colegiado vasco es uno de esos sospechosos habituales en La Casa Blanca. Autor de obras como la expulsión a Vinicius en Mestalla en 2023 después de pasar todo un partido recibiendo agresiones físicas dentro del campo y racistas desde la grada, o que este mismo año decidió no pitar dos penaltis en Montilivi.
Ya por aquel entonces, en plena época de pagos a Negreria por parte del Barça, en el conjunto blanco sabían a la perfección que el colegiado vasco era un sospechoso habitual. Pero ni siquiera el más desconfiado podría haber imaginado tamaña exhibición de prevaricación por su parte.
El Real Madrid se adelantó en la segunda mitad gracias a un gol en propia de Gerard Piqué. El conjunto blanco estaba desatado, y la sentencia del encuentro parecía inminente. Fue entonces cuando De Burgos Bengoetxea sacó el silbato a pasear y señaló penalti tras un piscinazo de Suárez digno de los Juegos Olímpicos.
La decisión, que conllevó el empate del partido de Messi desde los 11 metros, ya comenzó a desesperarse al estar viviendo la misma historia de siempre en el Camp Nou –solo unos meses antes, Hernández Hernández anuló un gol a Bale por saltar más que Jordi Alba en este mismo feudo-.
Pero el conjunto blanco tiró de orgullo, y con la salida de Cristiano Ronaldo al verde, volvió a dominar. Y no podía ser otro sino él quien volviese a adelantar al Real Madrid. Lo hizo en una contra de libro, en la que encaró a Piqué y, tras dejarlo sentado con un recorte, clavó el balón en la escuadra desde la frontal.
Ni siquiera la actuación de Bengoetxea hizo al Real Madrid venirse abajo. Lo que nadie sabía es que guardaba un as bajo la manga. Como el penalti no fue suficiente, tiró de un recurso inesperado: tras un forcejeo entre Umtiti y Cristiano en el área en el que ambos cayeron al suelo, Bengoetxea consideró que el luso se había tirado y le sacó la segunda amarilla.
Cristiano ni siquiera pidió pena máxima al caer, y la caída no fue fruto de un piscinazo, sino de un forcejeo con Umtiti que, si bien no era penalti, llevó a ambos al suelo. El show había terminado: Bengoextea expulsaba a la estrella blanca, que, desesperado, llegó a empujarlo, lo que a la postre le sirvió para pasar cinco partidos sancionado. Cinco partidos de sanción para la víctima del robo, y ninguna consecuencia para el autor del mismo.
Fue su ópera prima: un penalti y una expulsión para desquiciar al Real Madrid y ponérselo en bandeja al Barça. Su gozo en un pozo, pues el conjunto blanco tiró de orgullo y, en los minutos finales, sentenció el partido con otro golazo espectacular de Asensio.
El Real Madrid se llevó para la vuelta un 1-3 que remataría en el Santiago Bernabéu solo una semana después, en un partido que no pasó a la historia por llevar el trofeo más importante a las vitrinas del Bernabéu, sino por mandar un mensaje más potente: el Real Madrid era capaz de luchar contra todo… y contra todos.