‘Joselu Júnior’ está en casa

El pasado 31 de julio fue uno de los días más sorprendentes del mercado blanco. No solo por la venta de Gonzalo, algo que venía siendo un secreto a voces desde hace semanas, sino por el movimiento que el conjunto blanco llevó a cabo el mismo día: el fichaje de Carlos Espí.

Un movimiento que no fue entendido por un amplio sector del madridismo, que no comprendía por qué vender el talento joven de la casa para comprarlo fuera. No ha pasado ni siquiera un mes, y tras algunos partidos de pretemporada y uno oficial, ya no queda ningún madridista que no celebre el fichaje de Espí.

Carlos Espí se gana al madridismo en menos de un mes

Las comparaciones siempre son odiosas, pero cuando hasta el mismísimo Bellingham se refiere a Espí como ‘Joselu Junior’, es inevitable caer en ellas. Y lo cierto es que por perfil de futbolista y por perfil en el club, existen pocos casos en la historia reciente del Real Madrid como los de Joselu y Carlos Espí.

Sin embargo, es importante empezar por las diferencias. Mientras que Joselu, canterano formado en La Fábrica, encontró su última oportunidad en el Real Madrid a los 34 años, como guinda a una carrera con altos y bajos, Espí ha aterrizado en la capital con tan solo 21 años y muchísimos logros por delante por conseguir.

Ahora bien, es su papel dentro del campo lo que los convierte en dos gotas de aguas. Y es que en un fútbol cada vez más moderno, Joselu y Espí son los últimos resquicios del fútbol clásico. Dos ‘9’ puros, que rara vez salen de su posición, que no ocupan otros espacios, y que no tratan de llevar a cabo ninguna labor que no sea meter goles.

Y lo cierto es que el fichaje de Carlos Espí ha funcionado de inmediato, igual que, en su día, funcionó el de Joselu. ¿Por qué? Porque no hay un perfil remotamente parecido a él en el equipo. Entre las muchas piezas ofensivas con las que cuenta el conjunto blanco, no hay ningún otro perfil que suponga una amenaza tan directa al área rival.

En poco más de 100 minutos con la camiseta del Real Madrid, Espí ha demostrado con creces las mejores de sus virtudes: es un futbolista de área, capaz de convertir en gol todo lo que pase cerca de él. Sin embargo, reducir su fútbol a un simple rematador implicaría no ser justo con lo que aporta sobre el verde.

Y es que más allá de sus virtudes dentro del área, Espí es la llave que abre el candado de los bloques bajos de los rivales. Un aspecto con el que el Real Madrid siempre ha tenido grandes problemas. Cuando los equipos se han encerrado estas dos últimas temporadas, el club no ha tenido soluciones para deshacer el entuerto. Ahora, con Espí, sí las tiene.

Además de eso, y haciendo gala de un excelente papel como ‘9’ que fija a los centrales, se trata de un jugador que hace mejor a todos los que le rodea. Y es que gracias a la ayuda posicional de Espí, otros como Vini, Mbappé o Diomande tienen una libertad de movimientos mucho mayor. Y eso, aunque sea de forma indirecta, también es responsabilidad de Espí.

Ayer Espí vivió su primera noche de blanco… y la convirtió en una para el recuerdo. Salvando las distancias, por supuesto, pero Espí entró desde el banquillo para solucionar el partido del mismo modo que lo hizo Joselu contra el Bayern de Múnich allá por 2024. Y aunque las comparaciones siempre son odiosas, como dijo Antonio Machado… tus ojos me recuerdan a los suyos.

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