
Nueva temporada, mismos problemas de siempre. Al menos eso es lo que debió pensar ayer un Vinicius Júnior que volvía a lucir el escudo del Real Madrid en partido oficial después de su sonada renovación. Una situación que, como era de esperar, no ha cambiado ni un ápice el tratamiento que el ‘7’ recibe en España.
Como era de esperar, y tal y como ocurrió recientemente en Riazor, en estadio en el que Vini ni siquiera había jugado nunca, Vini fue recibido con una pitada generalizada antes del pitido inicial. Cada vez que acercaba a cualquier de los laterales durante el calentamiento, encontraba poco más que hostilidad y todo tipo de insultos.
Mourinho se convierte en el escudo de Vinicius
Ya con el encuentro iniciado, apenas pasaron 3 minutos cuando Vini recibió una patada en el suelo con el juego parado. Lo que en muchos deportes sería una agresión sin balón de por medio, para el colegiado José María Sánchez Martínez, fue motivo para poco más que una advertencia verbal.
Un aspecto que no cambió demasiado a lo largo de un encuentro en el que Vini fue objeto de 8 faltas. Más que cualquier otro jugador sobre el césped. Y ninguna de ellas fue amonestada con tarjeta amarilla. Temporada nueva, pero mismo modus operandi en una liga que todos sabemos cómo funciona.
De hecho, la primera amonestación fue a parar a un Vini que terminó cansándose de las constantes patadas de Cala. Ayer, sobre el césped, fue lo de siempre: Vini contra sus 11 rivales, contra el árbitro, y contra las miles de personas que decidieron comprar una entrada para ir a un partido a insultar a alguien. Ese es el nivel.
Por suerte, al igual que Vini, Mou no es uno de esos que se calle. Y lejos de achantarse, en la rueda de prensa el técnico portugués se atrevió a poner palabras a lo que sufre Vini sobre el césped: bullying. Una situación que el brasileño lleva arrastrando desde que llegó a España.
Y esto no tiene que ver con las patadas que le peguen dentro del campo. Ni tampoco con unos arbitrajes cuya permisividad den por buenas esas acciones. Eso, sea más o menos lícito, forma parte del mundo del fútbol. Pero todo lo que se mueve detrás de ello, con la permisividad de grandes organizaciones, sí representa un movimiento de acoso focalizado hacia una persona.
Así lo atestiguan las más de 30 denuncias de odio recogidas por LaLiga a lo largo de las últimas cinco temporadas. Algunas de ellas, incluso, con sentencias judiciales de por medio. Y es que todo ese acoso sistemático es llevado a cabo por aficionados y compañeros de profesión, pero validado por organizaciones o medios de comunicación que dan rienda suelta a que todo esto ocurra.
Porque sí. Un chico que llegó a España con 18 años, y, desde entonces, ha tenido que escuchar en todos los estadios en los que ha pisado toda clase de descalificativos racistas, tiene derecho más que de sobra a pensar que España es un país racista. Pero si hay un campo en el que hay miles de expertos en España, es en decirle a una víctima de acoso cómo y cuánto puede dolerle.
Y es que ese es el gran problema. Más allá del tristísimo retrato de la sociedad española que supone que a Vini le llamen mono allá por donde pisa, el verdadero problema no está ahí, sino en todos los voceros que justifican esos insultos con la actitud del ‘7’. Ha sido más de un periodista el que ha llegado a culpar a Vini de los insultos. El clásico cambio de papeles entre víctima y agresor.
Una justificación que, a la hora de la verdad, no tiene mucho recorrido. Y es que el racismo no tiene contexto. El racismo sin adversativas sigue siendo racismo. No importa lo mal que te caiga la víctima. Ni que sea chulo. Ni que baile al marcar el gol. Si consideras que cualquier acción justifica una reacción racista; efectivamente, eres un racista.
Y todo eso se aplica a lo que viene pasando con Vini desde que pisó España. Y ahora, por suerte, ha encontrado en Mou un vocero para denunciar la persecución que sufre en España. Poco importa que todo el país esté en contra del ‘7’. Mientras tenga en casa a gente dispuesta a luchar por su causa, no hay derrota posible.