
Habitualmente, los fichajes sobre la bocina en el mercado suelen ir acompañados de una gran alegría para los aficionados. En lo relativo al Real Madrid, el caso de Gareth Bale fue uno de los últimos que mantuvo al aficionado madridista con el corazón en un puño hasta el último día de mercado.
Algo lógico, pues la negociación con Daniel Levy fue durísima y se alargó por casi 3 meses. Un tiempo en el que el galés hizo de todo: se declaró en rebeldía, no se presentó en la pretemporada… Sin embargo, cuando el expreso de Cardiff fue finalmente anunciado el último día de mercado, la sensación de la afición fue agridulce. ¿El motivo? Mesut Özil.
Un cierre de mercado con una mezcla de emociones en el madridismo
Fue injusto para Gareth, especialmente después de un verano en el que hizo todo lo posible para vestir de blanco, aterrizar en la capital y que el júbilo de su fichaje se viera en cierta medida empañada por la salida del alemán. Pero así fue, y así quedó demostrado tal día como hoy hace 13 años, en su presentación en el Santiago Bernabéu.
Era el último galáctico. El fichaje más grande acometido por el conjunto blanco en los últimos años, y el más caro de su historia. Y aún con todo ello, su presentación estuvo marcada por los gritos de “Özil no se vende” por parte de un sector de los aficionados allí presentes.
El motivo es que aquel cierre de mercado estuvo marcado por el fichaje de Bale y la venta de Özil en cuestión de apenas horas. Y si bien lo del galés era el movimiento más esperado por parte de la afición blanca, lo de Mesut pilló a todo el mundo por sorpresa. Incluso al propio Özil, que reconoció años después su error.
Años después, se entiende que poco más pudo hacer Florentino Pérez. El padre del centrocampista, por entonces su agente, acudió a la oficina del conjunto blanco reclamando un salario fuera de mercado, amenazando al presidente con marcharse a la Premier si no le daban lo que pedía, con una altivez más propia de un atraco que de una negociación contractual.
Lo que no se esperaba es que la respuesta del presidente fue tan tajante como definitiva: “Trae el dinero y gracias por todo”. Y antes de darse cuenta, Mesut estaba haciendo sus maletas para poner rumbo a Londres y abandonar la casa en la que había sido ídolo durante tres cortos, pero intensos años.
Tal fue el error cometido que, pocos meses después, Mesut cortó relaciones profesionales con su padre, al ser plenamente consciente de que había abandonado el club más grande del mundo para irse a un equipo que, en aquel momento, era poco más que un equipo de segunda fila.
Sin embargo, su venta fue un puñal directo al corazón del madridismo. Incluso Cristiano Ronaldo criticó públicamente su venta, algo que sorprendió tanto a la afición como al club, pero que servía para dimensionar el sentir del madridismo al perder a una pieza que empezaba a consolidarse como uno de los mejores jugadores del mundo.
El tiempo acabó poniendo las cosas en su lugar: en los cinco años posteriores a este hecho, el Real Madrid ganó 5 Champions League. Y en todas ellas, Bale tuvo un papel clave, marcando en tres de las cinco que disputó.
Aún a día de hoy, Özil sigue siendo recordado en Madrid como un amor de verano. Porque son muchos los que dicen que el amor dura tres años. Y eso fue justo lo que duró la historia de Mesut y el Real Madrid. Tal vez demasiado poco. Tal vez suficiente para no olvidarla jamás.