El Bernabéu ahuyenta la polémica a base de golazos (4-1)

Vibraba Chamartín esta noche de domingo después de un fin de semana marcado por la vergüenza del presidente de LaLiga, cuya dimisión, 48 horas después de sus gravísimas palabras, seguía sin llegar a pesar de la petición expresa de un Real Madrid que sigue inmerso en su lucha particular.

Una lucha de la que fue participe el Santiago Bernabéu en la previa del encuentro frente al Sevilla, dejando claro su enfado con Javier Tebas, y con una pancarta que no pudo ser más directa: «No es fútbol, son Tebas y Laporta». Y entre tanta tensión, la pelota echó a rodar.

Dos obras de arte encaminaron el partido

Los primeros compases de esa primera mitad transitaron entre las sonoras protestas del Bernabéu y un Real Madrid que quería hacerse dueño y señor del partido desde el principio. Unos minutos en los que el conjunto blanco buscó salir con la pelota jugada desde atrás.

Unos minutos en los que el conjunto blanco se volcó por el perfil izquierdo, donde la simbiosis entre Diomande y Cucurella comenzó llevando el peso ofensivo de los ataques del conjunto blanco, en unos primeros compases con mucha movilidad entre los hombres de ataque.

Buscaron constantemente los de José Mourinho la espalda de los zagueros sevillistas, pero la falta de precisión provocaba que no terminasen de llegar las ocasiones claras para el conjunto blanco.

Por su parte, el Sevilla trataba de recuperar posesión, pero el Real Madrid robaba rápido y jugaba deprisa hacia sus tres hombres de ataque, generando una sensación de peligro constante en cada pérdida del conjunto andaluz. Y la primera clara del partido llegó con un zapatazo de Valverde que era gol o gol, pero tuvo la mala fortuna de encontrar a Mbappé en el camino, en quien rebotó el cuero y salió despejado.

Llegó la polémica al Bernabéu en un enganchón entre Peque y Arda Güler. El sevillista agarró en el contragolpe al turco, que, para zafarse de los continuos agarres de su rival, soltó la mano e impactó contra él. En las imágenes se vio un impacto, pero no quedó claro con qué parte del cuerpo golpeó y sobre que superficie, por lo que el colegiado ni siquiera fue a verla al VAR.

No se había cumplido aún la media hora de juego cuando el enésimo contragolpe terminó con el cuero en los pies de Diomande, que espero a la llegada de algún aliado en segunda línea. Ese aliado fue Güler, que le pegó de primeras y la colocó en la escuadra de Vlachodimos, en ese lugar al que ningún portero puede llegar.

Con los suyos por delante en el marcador, Mou no varió el plan: la presión alta y las transiciones rápidas seguían siendo las claves de un conjunto blanco muy superior a su rival durante esa primera media hora. Y como de obras de arte iba la noche, asimismo llegó el segundo gol. Una vez más, de una jugada que nació por la izquierda.

Diomande buscó un pase al centro, Bellingham habilitó de tacón y se encontró con un Mbappé que decidió anotarse justo a tiempo a la lista al premio Puskas. El francés controló en una media ruleta, se plantó en el área, dejó atrás al último defensor con un toque, y recortó a Vlachodimos para firmar la segunda obra de arte que hizo que muchos en el Bernabéu se llevasen las manos a la cabeza.

El Real Madrid se gustaba y firmaba algunos de los mejores momentos de su temporada. Con 2-0 en el marcador, los de Mou seguían hambrientos y en busca de la sentencia. Sin embargo, el Sevilla también amenazaba a la contra, y al borde del descanso, un chut de Agoumé obligó a Courtois a firmar su milagro diario, nada fuera de lo común. Y poco más hubo que ver en la primera mitad.

Mbappé y Diomande lo sellan en la segunda mitad

Un fantasma sobrevolaba el Bernabéu de cara al arranque de la segunda mitad: las caídas en la segunda mitad del encuentro. Un problema que Mou ya había identificado en el pasado, y que tenía que demostrar a la parroquia blanca que ya estaba completamente solventado.

Por ello, desde los primeros compases de la segunda mitad, el conjunto blanco mantuvo el plan y la intensidad de la primera parte. El Real Madrid mantenía la presión alta en busca de asfixiar en salida a los hispalenses. Y el plan seguía surtiendo efecto.

Diomande seguía siendo una de las grandes amenazas del Real Madrid, provocando auténtico pavor en la zaga rival cada vez que encaraba desde el perfil izquierdo. Y el Sevilla seguía buscando una reacción al contragolpe, pero la zaga blanca se mostraba hoy con una solvencia inusitada.

Lo intentaba el Sevilla, y la tuvo para recortar distancias rozando la hora de juego, pero el remate franco de Correia fue despejado por un Valverde que firmó una intervención salvadora a última hora. Y como el fútbol es caprichoso, el conjunto blanco finiquitaría en la siguiente jugada.

Nuevamente lo hizo mediante Diomande: el costamarfileño recibió, se giró y encontró a Mbappé donde más la gusta: al espacio: el francés cortó a la perfección a la espalda de Castrín, que no tuvo otro remedio que agarrar al francés, provocando un penalti claro. Un penalti que el mismo Kylian marcó con una preciosa panenka.

Ya con el 3-0 y un Bernabéu disfrutando, Mou empezó a mover el equipo pensando en la Champions. Sin embargo, en el último tramo de 10 minutos, una pérdida de Mbappé provocó un ataque del Sevilla, y tras recibir en la frontal, Manu Bueno sacó un latigazo al palo largo de Courtois ante el que nada pudo hacer el belga.

Los fantasmas del pasado sobrevolaban el Bernabéu, pero Diomande los despejó rápidamente: en su enésima cabalgada, el ’25’ encaro con la seguridad de un veterano, se plantó en el área, y con un derechazo la puso en la escuadra, lejos del alcance del meta hispalense y lanzando un mensaje: ha nacido una estrella en Chamartín.

Ahora sí, con el 4-1 en el marcador, el Bernabéu daba por cerrada la fiesta. Una fiesta a la que incluso se unió Eder Militao seis meses después de la última vez que pisó el césped de su estadio, en un buen gesto de Mourinho con un futbolista atormentado por las lesiones las últimas temporadas.

Ahora sí, el Sevilla había mostrado la bandera blanca, y el Real Madrid, ya con la mente en sumar otros 3 puntos el martes frente al Leipzig, dio por bueno el resultado del que terminó siendo uno de los mejores partidos de la temporada hasta la fecha.

Una actuación que llega en el momento justo: a una semana del Clásico, la primera final de la temporada para los blancos. Y una noche que empezó con la polémica propia de la vergüenza que ha vivido LaLiga… terminó con una fiesta por todo lo alto.

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