El método de Mou que mantiene enchufada a toda la plantilla

José Mourinho está trabajando bajo unos principios muy marcados en el inicio de esta segunda etapa al frente del Real Madrid. Unos principios instaurados desde el primer día, entre los que destacan algunos aspectos que han sido devueltos al vestuario blanco: disciplina, esfuerzo, trabajo y respeto al escudo.

Pero más allá de eso, hay otros principios que reinan en este Real Madrid de Mourinho. Entre otros la justicia con una plantilla a la que Mou está cuidando al máximo. Desde las estrellas hasta los suplentes, pasando por las jóvenes promesas que están en el primer equipo. Y hay un dato de los tres primeros encuentros que da buena prueba de ello.

Mourinho y un reparto de minutos equitativo para todos

Es evidente que, como todos los entrenadores, Mou tiene sus intocables en la plantilla. Y no es para menos, porque el luso cuenta en esta plantilla con algunos de los mejores jugadores del planeta. Sin embargo, a pesar de ello, el entrenador del Real Madrid ha apostado en las tres primeras jornadas por cuidar a todos y cada uno de los jugadores de la plantilla.

La prueba de ello se encuentra en un hecho clave: en estos tres encuentros, Mou ha utilizado a todos los jugadores a su disposición. Ya haya sido como titulares o partiendo desde el banquillo, el portugués se ha encargado en este primer tramo de dar minutos a todos los jugadores del primer equipo.

De hecho, salvo Lunin, que cuenta con el cartel de suplente en la competición liguera, todos y cada uno de los jugadores disponibles han tenido sus oportunidades. Esto supone que, a lo largo de estos tres encuentros, 18 de los 25 jugadores de su plantilla han tenido minutos.

Las excepciones, salvo la de Lunin, encuentran su razón de ser en las lesiones: Rodrygo, Endrick, Pitarch, Tchouaméni, Mendy, Militao y Asencio son las excepciones entre los jugadores con ficha en el primer equipo que aún no han disfrutado de minutos sobre el césped.

Sin embargo, es de esperar que, cuando regresen a la dinámica del equipo, todos tengan minutos, ya sea con mayor o menor frecuencia dentro del once inicial. Un modus operandi que responde a una intención concreta por parte del técnico portugués: tener a todos sus futbolistas enchufados.

Mou, perro viejo en esto del fútbol, es plenamente consciente a estas alturas de su carrera de que sirve de poco tener jugadores infelices en el equipo. En primer lugar, porque no aportan nada no solo en la dinámica de juego, sino en la dinámica de grupo. En segundo, porque es consciente de que tal vez un día pueda necesitarlos y no funcionarán del mismo modo.

Mou sabe en este sentido que condenar a un jugador al ostracismo es contraproducente para un club cuyo objetivo principal debería ser precisamente buscar brindar el máximo valor posible a sus activos, ya sea para que aporten algo al club, ya sea a nivel deportivo o de vestuario, o para que no se devalúe su valor de mercado.

El ejemplo perfecto de esta gestión es Eduardo Camavinga. Mou comunicó en su primera semana al frente del club que no contaba con él para la temporada, y le instó a buscar equipo. Sin embargo, Camavinga, seguro de no haber dicho aún su última palabra de blanco, se ha aferrado a su hueco en la plantilla del Real Madrid.

Mou, en lugar de ponerle la cruz y generar una situación de incomodidad innecesaria dentro del vestuario, ha optado por, ya que el francés se queda, convertirlo en un activo útil para la plantilla y recuperar su mejor nivel. Y respecto a lo que hemos visto en las últimas temporadas, esa es la diferencia entre un gran entrenador y gestor… y uno más.

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