
Regresaba el Real Madrid al Santiago Bernabéu solo cuatro días después de llevarse su primera victoria en su feudo en la presente edición de la Champions League, no sin sufrir ante el Inter; y ocho días después de cosechar su primera derrota liguera en La Cartuja.
Por ello, los de José Mourinho regresaban a la competición liguera con el objetivo de retomar la senda de la victoria. Y el luso lo hizo con una revolución en el once en el que entraron Rüdiger, Carreras, Dumfries… y Diomande.
Un Real Madrid con el colmillo afilado resuelve en la primera parte
Con la mente puesta en la gran cantidad de ocasiones falladas frente a Betis e Inter, el conjunto blanco saltó al terreno de juego con un objetivo claro: afinar la puntería de cara a la meta del rival, en esta ocasión, el Rayo Vallecano.
Y a pesar de que fue el conjunto visitante el que se apuntó la primera ocasión del partido, el Real Madrid no tardó en hacerse dueño y señor del partido. Parecía que el campo estaba inclinado hacia el lado de los franjirrojos, y al borde del primer cuarto de hora, Lejeune arrolló a Carreras en el área, obligando al colegiado a pitar penalti.
Un penalti ante el que Mbappé asumió la responsabilidad, después de fallar el último penalti en la derrota frente al Betis en un alarde de personalidad. No dudó, esperó a que el portero se venciese, y la colocó suavemente en el lado derecho de la meta, poniendo por delante al conjunto blanco.
Un gol que desató la ira del conjunto blanco, puesto que, apenas dos minutos después, dobló la ventaja: combinaron Vini y Mbappé en la frontal del área, y el francés se encontró con la carrera por el perfil izquierdo de, precisamente, Álvaro Carreras, que se mostró muy seguro en la definición para poner el segundo.
El Real Madrid estaba desatado, y poco después, una gran jugada personal de Vini acabó con la intervención en semifallo de Audero, al que le botó delante el balón, y estuvo a punto de colarse. Pero cuando Mbappé solo tenía que empujarla, el meta se redimió y la sacó bajo los palos.
Un milagro salvó el tercero del Madrid a la primera, pero no a la segunda. La enésima intervención por la banda de Vini terminó con un balón centrado exactamente al corazón del área. Un lugar en el que Jude Bellingham, amo y señor de las llegadas en segunda línea, acertó a ponerla lejos del alcance de Audero.
El Real Madrid dominaba, se gustaba y, sobre todo, quería más. Los de Mou seguían atacando en busca del cuarto y, al borde del descanso, Mbappé firmó una jugada individual que acabó con un disparo al poste, que fue el encargado de evitar el segundo del galo.
Se intentó redimir de ese dominio el Rayo en la última jugada de la primera mitad, en uno de sus primeros acercamientos al área blanca. Y lo hizo de una forma espectacular: el obús de Pedro Díaz solo fue salvado por una parada aún más espectacular de Courtois, en la que fue la última acción de la primera mitad.
Una segunda mitad peor… salvada por Güler
La segunda parte finalizó del mismo modo en el que terminó la primera: con un derechazo de Pedro Díaz que solo el palo pudo repeler. Eso fue lo único que permaneció de la primera mitad, pues el guion en esta segunda fue completamente distinto.
El Rayo salió decidido al ataque, y tal fue su empeño que a los cinco minutos ya recortó distancias. Lo hizo por mediación de Sergio Camello, que aprovechó una mala entrega hacia atrás de Vini para batir a un Courtois fuera de sitio y recortar distancias en el marcador.
Ahora era el conjunto vallecano el que dominaba por completo el encuentro, y todo parecía indicar que el segundo del Rayo estaba más próximo que el cuarto del Real Madrid. Tal fue así, que solo Courtois volvió a evitar el tanto del Rayo, en esta ocasión tras otro disparo magnífico de Tsitaishivili.
El Bernabéu se enfadaba y Mourinho también, por lo que el luso comenzó a mover el banquillo en busca de reencontrar el control del partido, y Tchouaméni disfrutó de sus primeros minutos a las órdenes de Mou, y también salió Arda Güler a ocupar la posición de Diomande.
Con el paso de los minutos, ese empuje del Rayo se fue diluyendo, y los de Mou retomaron el tempo al partido, pero sin brillantez, pensando más en mantener la ventaja y mantener los tres puntos que en ampliarla.
Ya en la recta final del encuentro, fue el propio Güler, que se hizo dominador del tempo del partido, pidió penalti por un manotazo dentro del área, pero el colegiado no consideró suficiente el contacto como para señalar la pena máxima.
Fue precisamente la perla turca el encargado de cambiar el signo del encuentro. Y no podía cerrarlo sin un colofón final. Tras una gran cabalgada de Camavinga, el francés se encontró con el turco en el carril del ’10’, y haciendo gala de esa conexión que se ha visto hasta la saciedad en el Bernabéu, asistió a Mbappé para cerrar el partido y poner el segundo en la lista del francés.
un partido con 45 minutos excelentes, otros 45 no tan buenos, pero con 3 puntos que se quedan en el Bernabéu y un Real Madrid que sigue ganando todos sus partidos a excepción del del Betis… y sigue dejando grandes actuaciones.