Y Jude volvió a ser Bellingham

Volvió el Mundial, volvió la mayor competición de clubes a nivel internacional y, junto a todo ello, volvió Jude Bellingham. Y digo que volvió porque no fueron pocos los aficionados de los Three Lions que han dudado de él, no porque en algún momento se ha marchado.

Porque Bellingham sigue siendo exactamente el mismo jugador que llevó a su país a rozar la Eurocopa por primera vez en su historia el pasado 2024. Ni con eso tuvo suficiente para ganarse el crédito de todo un país. Pero no parece haber problema, parece dispuesto a seguir demostrando una y otra vez que está donde está por méritos propios.

La exhibición ante Croacia que pone fin a las dudas

Jude, sin embargo, no acostumbra a entrar en ese tipo de polémicas, y suele hablar donde lo hacen los grandes: sobre el césped. Y vaya si lo hizo en su debut en esta Copa del Mundo ante Croacia. Un encuentro en el que el inglés volvió a demostrar no solo por qué el Real Madrid pagó 100 millones de euros por él, sino por qué es la piedra angular del proyecto blanco.

Una demostración a la que acompañan las estadísticas: más allá del gol, Bellingham fue omnipresente ante Croacia: realizó cinco toques en el área rival, dio un pase clave y realizó tres disparos a portería. Pero más allá de eso, ganó cinco duelos, recuperó cinco balones, y firmó tres entradas exitosas.

Sin embargo, el juego de Bellingham no necesita de las estadísticas para demostrar sus virtudes. Con el ’10’ en la espalda, hizo todo lo que hace un 10: condujo, regateó, distribuyó juego y fue el principal peligro de cara al área croata. Un futbolista que defiende como un pivote, reparte juego como un centrocampista, corre como un extremo y marca como un delantero.

Una versión que recordó a la del mejor Bellingham. Un futbolista que se hace más grande cuando menos le limita un esquema. Esa es, en mi opinión, la clave para entender a Jude: es un futbolista que lo hace prácticamente todo, pero no parte desde ninguna posición concreta.

Esa es precisamente la esencia de Bellingham: es un verso libre. Y encorsetarlo implica matar su esencia. Bellingham crece cuando el contexto le permite aplicar a su juego toda la libertad que necesita. Lo demostró a lo largo de todo su primer año a las órdenes de Carlo Ancelotti, en su mejor temporada de blanco, y volvió a dar frente a Croacia buena prueba de ello.

No es un futbolista al que se le pueda limitar a la creación de juego. Ni tampoco a comportarse como un mediapunta clásico. Ni a ser ese falso 9 que cargue el área en todas las segundas jugadas. Y no se le puede limitar a eso porque ya hace todo eso, pero sin estar limitado a una posición concreta.

Bellingham, como ocurre casi siempre con las grandes estrellas, no es un planeta que debe orbitar en torno al sol, sino que debe ser el sol en torno al que orbiten el resto de planetas. Porque brindándole los galones necesarios, tiene la suficiencia para marcar la diferencia en los momentos clave.

En el Real Madrid, Vini es quien desequilibra los partidos; Mbappé es el que finaliza las jugadas, y Valverde es el que oxigena al equipo desde el centro del campo. Pero Bellingham lo hace todo a la vez.

Por eso, es difícil imaginar un Real Madrid que no gire en torno a Jude. Porque cuando Jude funciona, el resto de estrellas del conjunto blanco tienen aún más fácil explotar sus muchísimas virtudes. Todos ellos son diferenciales por sí solos, pero Bellingham es el único que tiene capacidad de mejorarlos a todos.

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