La gravísima prevaricación tras la sanción a Vinicius

Ha pasado casi una semana desde la acción, y el Real Madrid sigue sin dar crédito. Y sigue sin hacerlo porque, desde el mismo momento en el que el colegiado del Real Madrid-Villarreal acudió al VAR para comprobar la acción entre Vini y Saliba, no solo sabían lo que iba a pasar en el momento, sino lo que vendría después.

En el momento, todos saben lo que pasó: Vini vio la roja por enganchar del pelo a Saliba. Una acción que no fue roja hace varias temporadas cuando le ocurrió a Marcelo con el Real Madrid jugándose La Liga -ni siquiera fue penalti-, ni tampoco la temporada pasada cuando Dani Rodríguez hizo lo mismo a Néyou con bastante más violencia. Pero lo peor estaba por llegar.

Una sanción desmedida calculada al milímetro

En La Casa Blanca son plenamente conscientes de que, a estas alturas, ya no tiene sentido protestar por la desigualdad arbitral. Sin ir más lejos, ni Rodri ni Lamine Yamal fueron amonestados al agredir a dos rivales. Desde el mismo momento en el que ocurrió la acción, la principal preocupación del conjunto blanco fue la sanción que podría acarrear la acción con el Clásico a solo dos semanas.

El Real Madrid temía alguna treta por parte del CTA para dejar fuera de juego a Vini. Y así fue, a través de un acta arbitral inédito que terminó con la bochornosa e inexplicable sanción de 4 partidos que lo dejaba sin disputar el Clásico. Dos partidos por la acción y dos partidos por la protesta.

Contra los dos de la protesta no se puede hacer nada, ya que queda en manos del árbitro que redacta el propio acta. En ella, Isidro Díaz de Mera destacó «la actitud agresiva» de Vinicius al conocer el castigo. Porque Vini protestó, claro, al igual que lo hacen todos los futbolistas que ven la tarjeta roja. Pero la sanción más dura solo se aplica en algunos casos.

Del mismo modo, el árbitro no acertó a reconocer lo que dijo Vini al ser expulsado. Y lo cierto es que, tal y como captaron las cámaras de DAZN, solo replicó al colegiado al grito de: ¿Por qué tú haces eso?». Un pretexto más que suficiente para colocar dos partidos de sanción que ya confirman que la decisión de que Vini no jugase el Clásico estaba premeditada.

Y es que las protestas no se valoran igual cuando vienen de un lugar que de otro. Mismamente, la pasada campaña, Raphinha insultó al equipo arbitral en un encuentro liguero al ser sustituido, al gripo de «¡Cagones, sois todos unos cagones!» a escasos centímetros del cuarto árbitro. ¿El resultado? Ni expulsión ni sanción, porque en esta competición todo depende de los colores de vista.

Entendido el bochorno de los dos partidos por la protesta, hay que atender algo más grave. En el acta de Vini, la expulsión se explico de la siguiente manera: «Fue expulsado por tirar del pelo a un adversario con el balón en juego sin estar el balón en disputa». Hasta ahí, todo correcto, y redacción exactamente idéntica a la de la jugadora del Athletic Club Bibiane Schulze.

La futbolista fue expulsada por una acción como la de Vinicius, aunque de una forma mucho más desmedida, y la redacción fue exactamente la misma que la de Vinicius: «Fue expulsado por tirar del pelo a un adversario sin estar el balón en disputa». Se podría entender que con ambos se aplicó del mismo modo el reglamento, pero nada más lejos de la realidad.

En el caso de la jugadora del conjunto vasco, el Comité de Competición la sancionó según el artículo 121. Sin embargo, para aplicar a la sanción con Vini, el mismo Comité, y a pesar de existir una jurisprudencia previa en el caso de Schulze, aplican el artículo 130.

¿Cuál es la diferencia entre un artículo y otr? Que según se aplica el reglamento, el artículo 121 aplica una sanción de uno a dos partidos, lo cual significa que, de haber sido juzgado bajo el mismo artículo que la jugadora del Athletic Club, el Real Madrid podría haber recurrido la sanción de Vini. Pero con el artículo 130 aplicado al brasileño, el reglamento cerraba la puerta a esa posibilidad.

Misma acción, misma redacción del acta, pero distinta aplicación al reglamento arbitral. Un hecho que, lejos de lo que pasa en los terrenos de juego, sigue demostrando la gravedad de lo que ocurre entre bambalinas en el fútbol español. Y lo que se ve sobre el campo es grave, pero hacer maniobras para poder aplicar una sanción más grave a un jugador no se llama error, se llama prevaricación.

La labor del madridismo es denunciar esto. Los hay que aseguran que si el equipo jugase mejor este no sería el problema. Pero ambas verdades no son excluyentes. Que el Real Madrid esté lejos de su mejor nivel no erradica la existencia de los atropellos dentro y fuera del campo que sufre el club semana tras semana. Y la labor del club y de su entorno ahora consiste en no permitir ni un solo día más que se falte al respeto de esta forma al club.

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