Paciencia para Mastantuono

Hace aproximadamente un año a estas alturas, Franco Mastantuono era uno de los nombres del momento. El Real Madrid se había adelantado al PSG para robarle al fichaje de la que era considerada una de las mayores perlas del fútbol internacional, y las expectativas con su llegada a la capital se dispararon.

Sin dudarlo, ese muchacho cambió su barrio de Buenos Aires por la bulliciosa y vibrante Madrid. Dejó atrás al River Plate que le vio crecer para pasar a formar parte del club más laureado de la historia. Y a sus 18 años, tal vez no era del todo consciente de todo lo que estaba por cambiar en su vida.

Mastantuono y la resiliencia de un talento por pulir

Un cambio enorme que, sin embargo, pudo no ser tan grande a priori: durante sus primeros meses en el Real Madrid, todo pareció ir viento a favor para Mastantuono. Su primera toma de contacto en el fútbol europeo no pudo ser más positiva, hasta el punto de llegar a convertirse en ciertas fases titular indiscutible para Xabi Alonso.

Sin embargo, las turbulencias no tardaron en llegar a La Casa Blanca, y, por desgracia para la joven perla argentina, terminaron llevándoselo por delante. No solo perdió la titularidad, sino que, poco a poco, también fue perdiendo el apoyo de una afición que había puesto sobre su llegada unas expectativas tal vez algo irreales.

Algo irreales teniendo en cuenta de que hablamos de un futbolista que, con 18 años recién cumplidos, accedió a realizar un cambio de vida radical con el objetivo de triunfar de blanco. Y tal vez el peaje a pagar fuese demasiado caro, pero ese es el precio a pagar por triunfar en el Real Madrid.

Un Real Madrid que rara vez espera a alguien. Es un tren que pasa una sola vez en la vida, y solo aquellos que tienen la voluntad suficiente para montarse en él son los que acaban triunfando. Y ese es uno de los motivos que ha llevado al club a ser el más laureado de la historia, y a los jugadores que han triunfado en él, a pasar a la historia.

Pero eso no es algo malo. Y si Franco quiere un espejo en el que poder mirarse, lo tiene dentro de su propio vestuario: Vinicius Júnior. El carioca llegó a la capital también con 18 años. Y sus inicios, a pesar de demostrar un talento innato al alcance de muy pocos, también fueron convulsos.

De hecho, la de Vinicius es la historia de resiliencia por antonomasia: en su mejor momento durante su primera temporada, sufrió una grave lesión. En las dos temporadas posteriores, no solo no logró hacerse con un hueco en el once, sino que fue convertido en la diana principal de todas las mofas y burlas de los rivales. Porque no marcaba, porque no era resolutivo, o porque, según algunos gurús, era “un pufo”.

Pero entonces, las que normalmente iban fuera empezaron a entrar. Y entonces, Vini dejó de dar risa para empezar a dar miedo. En poco más de dos años, el ‘7’ pasó de ser el hazmerreír de los supuestos entendidos del mundo del fútbol, para convertirse en el mejor jugador del mundo.

Conociendo esa historia, Mastantuono ya tiene un espejo en el que mirarse. Muchos madridistas también pedían la cesión de Vini. Algunos incluso se atrevían a pedir una venta, o incluirlo en alguna operación de poca monta para abaratar costes.

Con Franco, al igual que con Vini, es evidente que el talento es tangible, y solo hace falta alguien que lo explote. En el caso del brasileño, fue Carlo Ancelotti el que cogió la mano de un niño y lo convirtió en un futbolista de talla mundial. Ahora, debe ser José Mourinho el que despeje las dudas con Mastantuono, y haga de una joya en bruto un diamante consolidado.

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