
El nuevo Real Madrid 2.0 de José Mourinho voló hasta Austria para disputar su primer examen de la temporada en el Wörthersee Stadion. Un examen en el que tendría enfrente a un clásico de sus pretemporadas, la Fiorentina, que llegaba a la cita con mucho más rodaje que el conjunto blanco.
Un partido muy propio de lo que se suele ver en las pretemporadas de los equipos, marcado por la evidente falta de ritmo y descoordinación en los automatismos propias de un equipo que no solo acaba de echar a rodar, sino que ha cambiado los cimientos con la llegada de José Mourinho.
Una primera parte en la que el Real Madrid brilló
Lo más emocionante que se puede sacar de un encuentro de estas características son los brotes verdes propios de un equipo que empieza a arrancar. Y en el suelo austriaco se pudo ver una larga lista de ellos, comenzando por un equipo que apostaba por una presión altísima que recordó al rock & roll original de la primera etapa de Mou.
Un ‘Baby Madrid’ marcado por la presencia de casi todas sus jóvenes figuras, comandado en ataque por Endrick, Arda Güler, y un Alexis Ciria al que Mourinho le regaló la titularidad en su debut con el conjunto blanco. Casi nada. Y el talento joven devolvió la confianza con varios minutos de muy buen fútbol.
Todo ello llevó a que el conjunto blanco se adelantase recién pasados los primeros diez minutos, en una jugada en la que Carreras hizo las veces de lateral llegando hasta la línea de fondo, y encontró con un balón al punto de penalti a un Endrick que sigue casado con el gol.
El brasileño recibió al borde del área pequeña, y un simple toque con su pierna hábil fue suficiente para perfilarse de cara a portería y lanzar un zurdazo inalcanzable al palo largo de De Gea, ante el que nada pudo hacer el meta español, adelantando así al Real Madrid.
La primera media hora continuó siendo un auténtico festival ofensivo en territorio italiano. Y apenas 10 minutos después, tras una jugada en la que Trent rompió la línea de presión con un magnífico pase, encontró en la frontal a un Camavinga que encaró con clarividencia frente a la portería rival.
El movimiento de todos los de arriba fue para enseñarse en las escuelas: Endrick arrastró al central hacia el primer palo, dejando todo el espacio libre para Güler en el punto de penalti. El turco, en vez de golpear, regaló un precioso amago tras el que el balón llegó bendecido para un Alexis Ciria que redondearía el día de su gran sueño, marcando en su debut con la camiseta blanca.
El conjunto blanco pudo continuar agrandando la ventaja con los italianos, y Trent pudo sellar su excelsa primera mitad con una falta directa al borde del área de la Fiorentina. Sin embargo, el golpeo del inglés se marchó por encima de la meta de De Gea.
Y como el ‘Baby Madrid’ estaba brillando, un ex no podía faltar a la fiesta: Álex Jiménez rompió dos líneas con una acción fantástica, y encontró con un balón profundo dentro del área a un Roberto Piccoli que superó a Lunin en el primer golpeo italiano a portería.
El cansancio apareció en la segunda parte y el Real Madrid cedió terreno
Sin embargo, como suele ocurrir en los partidos a estas alturas, conforme los minutos pasan las piernas pesan. Y eso se pudo atisbar en el conjunto blanco desde el mismo momento en el que arrancó la segunda mitad, con una Fiorentina mucho mejor plantada en el verde.
Los italianos fueron desde el primer minuto tras la reanudación a por el partido, con un Álex Jiménez que continuaba siendo un auténtico quebradero de cabeza para el conjunto blanco con sus envíos a la espalda de la zaga blanca.
Entonces, salió un Moise Kean que no solo hizo gala de su enorme calidad, sino también de tener mucho más rodaje que la gran mayoría de futbolistas del Real Madrid. Y el delantero italiano se convirtió en la mayor pesadilla de la defensa del conjunto blanco.
Tal fue así que firmó el empate con un cabezazo en su primer remate claro a portería, dejando el marcador en unas tablas en las que terminaría el encuentro en el debut del nuevo Real Madrid de José Mourinho.
Un partido marcado por un muy buen fútbol en la primera mitad, algo poco habitual en partidos de estas características y con tan poco rodaje, y una segunda mitad marcada por el agotamiento físico de los blancos, algo que sí suele ser más normal en este contexto.
Pero, pese al resultado, el conjunto blanco dejó sobre el verde muchos brotes precisamente de ese color, verdes, y una primera prueba de lo que pretende Mou con su nuevo Real Madrid. Una primera toma de contacto que, sin lugar a dudas, nos ha dejado con ganas de más. Próxima parada: Budapest.