
Hay historias que, desde el mismo día de su comienzo, ya parecen predestinadas a tener un final feliz. Un final feliz que en algunos casos se cumple, pero que en otros se queda por el camino. Y la de Vinicius y el Real Madrid es, ha sido y será, con sus malos y buenos momentos, una de las historias más felices de la historia reciente del club.
Son muchos los momentos que, a sus 26 años, Vinicius puede rememorar en su camino junto al Real Madrid. Sin embargo, para explicar el camino, es importante recordar el punto de partida. Un punto de partida que cumple hoy, 29 de septiembre, 8 años desde el día que el Bernabéu conoció a Vinicius Júnior.
Ocho años de un debut que marca la historia reciente del club
Casi una década de blanco en la que ha pasado de todo. Sin embargo, los momentos buenos opacan claramente a los malos. No solo por todo lo que Vinicius y el Real Madrid han conseguido juntos desde aquel 29 de septiembre de 2018, sino por el hecho de que el madridismo vio crecer y hacerse un hombre a una de sus grandes leyendas.
Y no es para menos, porque Vini aterrizó en Madrid en una etapa compleja. El conjunto blanco venía de ganar 3 Champions League consecutivas, un hito irrepetible que nunca se hizo y, hasta la fecha, nunca se ha vuelto a repetir. Pero no todo era bonito, pues ese mismo verano, Zinedine Zidane y Cristiano Ronaldo, dos de los grandes artífices de ese éxito, habían dicho adiós al conjunto blanco.
En ese momento, el Real Madrid entraba en una etapa de reconstrucción. Y en un verano en el que la gran estrella del conjunto blanco dijo adiós y no hubo ningún fichaje galáctico, las esperanzas del madridismo se depositaban en un niño de 18 años recién llegado del Brasileirao.
Un debut que no llegó de inmediato, ya que Julen Lopetegui no parecía listo para darle cabida con el primer equipo. Sin embargo, las circunstancias no dejaron alternativa al técnico vasco, que presentó en sociedad al hijo pródigo del Real Madrid en un gran escenario, con un debut en casa en un derbi frente al Atleti.
Aquel partido terminó empate a cero, pero ya demostró por qué el conjunto blanco había pagado 45 millones de euros por él: un talento innato y un descaro absoluto. Y en una plantilla cansada de ganar, su hambre de triunfar en Europa destacó por encima del resto. De hecho, hasta su desafortunada lesión frente al Ajax, fue una de las piezas más destacadas de aquella campaña.
Sin embargo, su historia no ha sido ni muchísimo menos un camino de rosas. Durante algunas temporadas, condenaron a Vini como el hazmerreír de Europa. Millones de aficionados, rivales y periodistas se mofaban de un niño de 18 años porque los goles no entraban.
Lo que no sabían es que, tarde o temprano, las que iban fuera acabarían entrando. Y entonces Vini dejó de provocar risas para empezar a provocar miedo. Y como ya no podían desacreditarle por lo que hacía sobre el césped, lo intentaban con lo que hacía fuera de él.
Una forma de desacreditar su talento que posiblemente haya sido la gasolina que necesitaba Vini para llegar a ser el mejor del mundo. Porque lo fue. Y así lo acredita lo que ha conseguido a lo largo de estos ocho años de blanco, tanto a nivel individual como colectivo.
En lo personal, marcar en dos finales de Champions League, igualando así el registro de nombres como Raúl González o Leo Messi, o convertirse en el jugador con más aportaciones de gol en finales de la historia del Real Madrid, superando a Cristiano Ronaldo, es solo la guinda de un pastel que él mismo ha labrado desde cero.
Ahora, el ‘7’ no atraviesa su mejor momento. Algo que muchos han aprovechado para salir de la cueva en la que llevan años escondidos para señalarle con el dedo. No aprenden. No recuerdan que Vini se ha levantado de todas y cada una de las veces que lo han intentado matar. Y esta no será la excepción. Que a nadie le quepa duda.