
A falta de poco menos de dos semanas para que cierre el mercado de fichajes, José Mourinho sigue buscando en la plantilla a su disposición todas las opciones posibles para conformar un centro del campo a la altura de lo que necesita su nuevo Real Madrid.
Un centro del campo en el que, a pesar de la falta de un perfil creativo, hay varias opciones: a los ya presentes Tchouaméni, Valverde y Camavinga, se ha sumado este verano Bernardo Silva. Y más allá del portugués, algunas voces hablan de la posibilidad de colocar en esa demarcación a Trent. Una opción que, a priori, no parece muy viable.
Trent y una idea que ya fue descartada en el Real Madrid en el pasado
Esta idea, a decir verdad, se basa en criterios aparentemente objetivos: Trent tiene un muy buen pie y una magnífica salida de balón, características propias de los centrocampistas puros. Sin embargo, la mayor parte de sus virtudes en ataque destacan precisamente por partir desde la zaga.
El ejemplo más claro se puede encontrar en uno de los mejores laterales de la historia del fútbol: Marcelo. Salvando las distancias, el brasileño compartía muchísimas virtudes con el inglés: calidad indudable, un excelente trato del esférico, y una capacidad innata para romper líneas. Aptitudes más aptas de un centrocampista que de un lateral.
Es por ello que, en el pasado Real Madrid, cuando surgieron problemas en el centro de creación, fueron muchos los que propusieron pasar a Marcelo a la posición de interior en la medular. Y no funcionó. Y no lo hizo por un motivo sencillo: porque en el centro del campo perdía casi todas las virtudes de las que hacía gala en el lateral.
Tanto Trent como Marcelo poseen una cualidad muy poco común: la de hacer de centrocampista jugando de lateral. Entre sus muchas similitudes, ambos futbolistas tienen y han tenido una tendencia creciente a sumarse al ataque como un centrocampista más, brindando al equipo superioridad numérica en momentos clave.
Precisamente es esa adaptabilidad al centro del campo desde el lateral el factor sorpresa que se consolida como un aspecto clave a la hora de marcar la diferencia. Y cuando su posición parte directamente desde el centro del campo, ese factor sorpresa se pierde, y por tanto, también lo hace la superioridad numérica que les permite marcar la diferencia en distintas etapas del partido.
Por hacer un símil con el fútbol americano, la influencia de Trent puede ser la de un quarterback: recibe la pelota al inicio de la jugada y, en la creación de juego, el decide si busca a un compañero o si avanza con el esférico. Y precisamente es esa imprevisibilidad lo que le convierte en una pieza muy difícil de frenar.
Es una obviedad que Trent va a tener un papel clave con Mou. No tanto a nivel defensivo, faceta en la que es un lateral correcto pero no espléndido, sino en lo ofensivo, donde de la mano de un guante en la bota derecha y una casi siempre acertada toma de decisiones, se convierte en un arma secreta a la hora de atacar el área rival.
Pero para maximizar estas virtudes, es imprescindible respetar la naturaleza de su fútbol. Y si Trent ha sido capaz de sacar a relucir todas estas virtudes a lo largo de su fructífera carrera en el Liverpool, es precisamente porque ha podido hacerlo desde su posición natural. Y el fútbol siempre demuestra que cuando los buenos juegan en su sitio, lo demás llega de forma automática.