
En escasos días se cumplirán tres meses desde que Álvaro Arbeloa abandonase el Real Madrid a la conclusión de la pasada campaña. Un adiós que venía de la mano de la segunda llegada de José Mourinho a La Casa Blanca.
Y si bien el madridismo se hallaba emocionado por el regreso del portugués, era inevitable esa sensación amarga con el adiós de Arbeloa. Un adiós con el que el madridismo sabía que se despedía de uno de los nuestros. Ahora, en Inglaterra, Álvaro ha encontrado un proyecto emocionante pero, aun así, sigue encontrando momentos para mostrar amor a su Real Madrid.
El amor eterno de Arbeloa y una tendencia que dura una década
“El Madrid es el club de mi vida”. Así de tajante se mostraba el ahora técnico del Fulham al ser preguntado por el Real Madrid por DAZN. Un hecho que no sorprende a nadie, pues Arbeloa no ha sido precisamente alguien que haya escondido su devoción por el conjunto blanco. Cuando era jugador, cuando se retiró, y ahora como entrenador.
“Soy madridista y lo seré siempre”. Con estas palabras, el salmantino recalcó que no existe ningún tipo de rencilla con su salida del club, en una etapa sobre la que se mostró agradecido a la par que resignado: “Entrenar al Madrid ha sido un grandísimo aprendizaje y una gran experiencia. Me gustaría que hubiese salido mejor, para el club y para los aficionados, pero las cosas se dieron como se dieron”.
Unas palabras con las que queda algo claro: del mismo modo que el año pasado hubo un madridista en el banquillo, ahora habrá un madridista en un banquillo de Londres. Su amor por el conjunto blanco no cambió al asumir la responsabilidad de tomar las riendas del club de su vida, y no ha cambiado ahora que ha tenido que emigrar.
Pero analizando un poco más allá sus palabras, que muestran algo que todo el mundo sabía, queda clara una tendencia que se ha alargado durante la última década casi sin excepciones: el banquillo del Real Madrid lleva más de 10 años siendo protegido por madridistas.
Desde que Zinedine Zidane tomase las riendas y, con los años posteriores, no ha habido ni un solo entrenador más allá de Julen Lopetegui que no haya sido un hombre de la casa. Sin ir más lejos, antes de la segunda llegada del francés, al español le sustituyó Santiago Solari, otro hombre de la casa que conoce a la perfección el club.
Lo que pasó después, lo sabemos todos: tras Zidane regresó Carlo Ancelotti, que volvió a triunfar de blanco, y tras el adiós del italiano, la temporada pasada se encargaron del banquillo Xabi Alonso y Arbeloa, otros dos madridistas confesos que, a pesar de no haber tenido la fortuna de su parte, jamás han escondido su amor por el Real Madrid.
Y en este último capítulo, la emocionante historia está siendo escrita por un José Mourinho que nunca ha ocultado su madridismo. A pesar de su turbulenta salida en 2013, el portugués no escondió en ningún momento a lo largo de los 13 años posteriores su cariño hacia el conjunto blanco, que ahora vuelve a ser su casa.
Tal vez una de las claves del enorme éxito del Real Madrid durante la última década haya sido esa: tener al frente a personas que no solo conocen a la perfección la dimensión del club al que entrenan, sino que, más allá de eso, aman el escudo casi tanto como los aficionados. Y eso es decir mucho.
Por eso, ahora, el conjunto blanco sigue protegido por un madridista confeso que siempre puso la entidad por delante de todo y de todos. Y por su parte, todos los madridistas que sufrieron por no ver triunfar a Arbeloa, esperan ahora que el canterano sea vengado por quien fuera su maestro. Al fin y al cabo, ambos son uno de los nuestros.