El mundo clama contra el vergonzoso ataque racista a Mbappé

A lo largo de los últimos años, el fútbol se ha convertido, desgraciadamente, en un territorio seguro para los racistas. Cada temporada, se cuentan por cientos los incidentes racistas que ocurren en campos alrededor de todo el mundo. Da igual que sea en España, en Europa, o en cualquier rincón del planeta.

En España, es algo que hemos vivido en nuestras propias carnes durante el último lustro con Vinicius. Así lo atestiguan las más de 30 denuncias recogidas por LaLiga por abusos racistas en diversos campos de España. Pero como si de una competición se tratase, esta semana Kylian Mbappé ha protagonizado un nuevo evento que ha traspasado todas las barreras.

Mbappé, en el foco de una nueva y lamentable polémica internacional

Durante estos últimos años, el mundo del fútbol ha hecho gala y acopio de todo tipo de energúmenos racistas. Desde los que lanzan improperios sintiéndose impunes desde las gradas, hasta los que lo hacen vestidos de corto, un gran mérito que se puede apuntar de forma orgullosa Gianluca Prestianni.

Este tipo de abusos no solo engloba al abusador, sino también al que lo protege. Y dentro de esta lista también se pueden incluir a las personas que han desacreditado la causa de Vini solo por ser defendida por Vini para, posteriormente, quejarse cuando son ellos las víctimas del abuso. En Barcelona saben bien de lo que hablo.

Pero Mbappé ha sido el desafortunado protagonista de un nuevo incidente que ha traspasado los límites. Más allá de aficionados, futbolistas o periodistas, ahora ha sido ni más ni menos que la Senadora de Paraguay, Celeste Amarillo, la encargada de avergonzar a los más de 6 millones de habitantes de su país.

Lo que dijo, lo citaré, porque me produce vergüenza escribirlo por mí mismo: Camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo. Bruto ni siquiera aprendió a escribir. En lugar de la leche de su madre, chupó cocos y lo más culto que ha oído en su vida son los chimpancés”.

Un argumentario más propio de un niño de parvulario que de una persona adulta. Pero Celeste Amarillo ha dado una lección que nosotros, en ocasiones, olvidamos como parte del mundo: la educación no tiene que ver con el estatus ni con el dinero. Y desconozco la cantidad de dinero y estatus que maneja esta mujer, pero sí conozco a la perfección, porque ella misma lo ha demostrado, la cantidad y calidad de su educación: ninguna.

Por suerte, Kylian Mbappé, tal y como ya ha demostrado en otras ocasiones, no es de los que se arruga ante el racismo, no le importa que sea en el campo, como demostró en el lamentable incidente de Prestianni, ni tampoco en las ruedas de prensa cuando la sociedad requiere que, como figura, de un paso adelante a nivel social. Y así lo hizo ante el auge de la extrema derecha en Francia.

Ahora, el francés ha estado claro, conciso y acertado, aunque posiblemente más comedido de lo que esta mujer se habría merecido: “Eres una mujer despreciable e indigna de tu cargo. No representas a Paraguay”.

Junto a él, el mundo se ha movilizado ante un abuso indigno de uno de los eventos más grandes del mundo. Ha habido reacciones por parte del Real Madrid, que no ha dudado en mostrar su repulsa frente a las declaraciones de Amarillo, por parte Emmanuel Macron en representación del Gobierno de Francia, e incluso de las Naciones Unidas, que han condenado las vergonzosas palabras.

Y es que toda reacción tiene una reacción. Y ante la vergüenza mundial que ha supuesto que un cargo político sea capaz no solo de mostrar tal falta de educación de manera pública, sino que se sienta con la libertad de hacerlo con impunidad absoluta, el mundo le ha demostrado que no. Que hay líneas que no estamos dispuesto a dejar traspasar.

Porque sí, Lamine, aunque no te lo creas, reducir el racismo a “cuatro tontos que dicen cosas” no es una opción. El racismo no se tolera, el racismo se combate. Y aunque tampoco lo creas, y aunque dejes que lo hagan otros, esta también es tu lucha. Por mucho que también sea la de otros que no visten tu misma camiseta. Porque hay cosas que están por encima del fútbol.

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