Cuestión de orgullo

Parece mentira que, después de más de 125 años de historia, algunos todavía no hayan comprendido que si matas al Real Madrid 900 veces, regresará 901. Y mucho más aún cuando todo el mundo está en su contra. Porque si hay un animal que es más peligroso cuando está herido, lleva el escudo del Real Madrid en el pecho.

Y por suerte, en el club hay muchas personas que comprenden a la perfección el peso de lo que ello implica. Desde un José Mourinho curtido en mil batallas, hasta muchos de los jugadores que comprenden a la perfección lo que significa jugar en el Real Madrid,

Una muestra de corazón propia de un gran Real Madrid

Y esto llegó en un contexto ciertamente complejo. El culé más pesimista atisbaba una victoria por la mínima para el Barça. Al fin y al cabo, era el súper Barça invicto de Flick contra un Real Madrid que nunca juega bien, que siempre es peor que sus rivales y que nunca está a la altura. Y sin embargo, es el equipo más laureado de la historia.

Y si lo es, es por noches como la de ayer. El partido del Real Madrid en el Camp Nou fue un ejercicio de orgullo desde el minuto 1 hasta el 98. El orgullo de un entrenador y unos jugadores conscientes no solo de lo que se jugaban, sino de lo que supone representar a la institución deportiva más grande del mundo.

Y así se reflejó en el césped, de la mano de varios jugadores que lo demostraron a la perfección. Desde la seguridad de un Lunin que le tocó solventar la papeleta más complicada de la temporada con la lesión de Courtois, hasta el sacrificio de Valverde, jugando lesionado y secando por completo las acometidas por la banda jugando fuera de su posición.

Sin olvidar tampoco el orgullo de un Cucurella que dejó atrás las amenazas de un Lamine que pasó de ser depredador a ser presa, ni por supuesto el espíritu indomable de un Bellingham que jamás se rinde, pero ayer, además, se sacrificó como pocos, y firmó el segundo partido con más recuperaciones de lo que va de temporada.

Pero, por encima de todo, también hay que destacar la valentía y el corazón de Mou. La valentía del que salió a luchar con once gladiadores a un coliseo que ya se reía atisbando la que creían que sería su muerte, y el corazón con el que celebró el gol de la victoria hincando rodilla, recordando a los tiempos de madridismo salvaje durante su primera etapa.

La primera piedra para edificar una iglesia en la que hacer creyentes a los infieles se puso ayer en el Camp Nou. Y pueden esperar la caída del imperio de Mou, pero, para su desgracia, todo parece indicar que la nueva era de Mou al frente del Real Madrid nació anoche.

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