
Se puede asegurar sin miedo al equívoco que en la vida hay tres cosas seguras: la muerte, los impuestos, y que José Mourinho siempre vuelve. Las dos primeras son universales, y la tercera quedó confirmada ayer, después de que el técnico portugués volviera a tomar el Camp Nou de blanco 15 años después.
Y lo cierto es que no tenía nada a su favor: llegó con la presión de poder perder LaLiga ayer mismo. Y no solo eso, sino que llegó con el runrún de todos los que aseguraban que el partido sería un paseo para el Barça y que, a la postre, terminaría con la destitución de Mou. Pero el portugués habla tan bien en el campo como en la rueda de prensa.
El contraplan perfecto a una máquina casi perfecta
No sería absurdo reconocer que Mourinho es la gran némesis del Barça. Como entrenador del Inter de Milán, aquella eliminatoria en de Champions League frente al Barça fue lo único que separó a los azulgrana de ganar su segunda Champions League consecutiva.
Tras ello voló a Madrid, y como técnico del Real Madrid, fue el único capaz de luchar contra viento y marea y detener al Barça de Guardiola, equipo que muchos eruditos aseguraron que sería imparable durante la próxima década, llevando al técnico catalán a abandonar al club.
Ahora muy ha vuelto, tres lustros después. No queda nadie de entonces salvo Florentino Pérez, ambos han crecido, y los aficionados que los vieron recolectar títulos juntos también lo han hecho. Y entre tantas cosas que han cambiado, lo único que no lo ha hecho ha sido el impacto de Mou allá donde quiera que vaya.
Porque los que vivimos su primera etapa y vimos desde cerca la desesperación de los integrantes del Barça cuando se enfrentaban al Real Madrid de Mourinho, volvimos a verlo ayer tres lustros después. Un encuentro en el que un muy buen Real Madrid detuvo a un Barça que venía siendo imparable.
Y lo hizo al más puro estilo de Mourinho: con un contraplan perfecto. Como ya lo hizo con el Inter, y como lo hizo durante su primera etapa en el Real Madrid. Un plan diseñado no solo para explotar las mejores virtudes de los suyos, sino para minimizar las del Barça.
Y así fue. La presión individualizada por la que apostó a la hora de ejercer los marcajes dejó fuera de juego a los actores azulgranas que habitualmente suelen llevar la voz cantante. Y los Lamine, Pedri o Fermín no tuvieron la libertad de la que gozan contra otros equipos.
El resultado de este planteamiento táctico brillante terminó con los 3 puntos volando hacia Madrid y con LaLiga volviendo a estar en cuestión de un solo partido. Pero sobre todo, con la sensación de que el Barça de Flick no es tan imparable y el Real Madrid de Mou no es tan insalvable.
Mismas sensaciones en lo futbolístico y también en lo pasional. Porque con el gol de Camavinga Mou nos regaló una postal idéntica a la de aquel partido de Champions frente al City en 2012. Y los que vivimos aquella celebración y los que volvimos a vivirla ayer, podemos dar por sentada una certeza evidente: José Mourinho está de vuelta.