
A lo largo de su historia, el Balón de Oro ha demostrado ser un trofeo cambiante. En su día fue ese trofeo que reconocía al mejor jugador del mundo en un momento concreto. Y así lo demuestran las justísimas victorias de Zidane, Ronaldinho, Ronaldo; y Messi o Cristiano en algunas de las muchas veces que han levantado el galardón.
Sin embargo, ha habido otras ocasiones en las que ha actuado más como una herramienta política que como un reconocimiento deportivo. Ocurrió con el robo de Michael Owen a Raúl en el 2000, que indignó al mundo del fútbol, y de forma más reciente y mucho más evidente en 2024, con el robo de Rodri a Vinicius.
La gente elige al mejor Balón de Oro de la historia
Como ocurre casi siempre, cuando los intereses ajenos entran de lleno en el fútbol, los resultados suelen ser catastróficos. Algo que ocurrió en los dos últimos casos mencionados, especialmente en el de 2024, en el que la UEFA inventó criterios para no darle a Vini lo que se ganó en el campo.
Pero, ¿cómo logran obtener el resultado que desean? Fácil, porque en el Balón de Oro vota quien decide France Football. No expertos, no personas de dentro del panorama futbolístico objetivo, sino, más allá de seleccionadores y capitanes, periodistas que pueden obedecer a objetivos concretos.
Con estos votos fue la forma en la que Vini perdió su galardón en 2024. Y del mismo modo, Cristiano perdió otros tantos por el camino durante su etapa en el Real Madrid. ¿Por qué? Porque al panorama deportivo internacional siempre le interesó m´s que fuese Leo Messi el que se llevase los focos.
Y eso no lo digo yo, lo dice la realidad: el mismo Joseph Blatter, en su puesto de vicepresidente de la FIFA, reconoció públicamente que prefería a Messi y se atrevió a hacer burla a Cristiano. Tan surrealista como significativo en lo que respectaba al trato que recibían uno y otro.
Esa es la realidad que ha acompañado a la carrera de ambos. Más recientemente, Gianni Infantino dio un pase de oro al Inter de Miami de Messi para jugar el Mundial de Clubes, mientras que otros equipos del calibre del Barça, Ajax, Milan o Liverpool se quedaron fuera de la competición. ¿El criterio? El enésimo regalo a Messi por parte de los estamentos.
No voy a hablar del Mundial de Qatar con el que se coronó, porque no vale la pena: el récord de penaltis a favor en toda la historia mundialista habla por sí solo. Tampoco de las polémicas de algún Balón de Oro que ganó jugando en la MLS, o de otros que ganó en su etapa en el Barça en años que Iniesta y Xavi ganaron el Mundial.
Pero por suerte, France Football ha tenido la primera gran idea de su historia: dar el poder al pueblo. Y lo ha hecho de la mano de la creación de un nuevo galardón, el B.O.A.T., o lo que es lo mismo, el mejor Balón de Oro de todos los tiempos. Y donde muchos se pensaban que Messi arrasaría, se han llevado una sorpresa.
La sorpresa ha sido que el Balón de Oro de Cristiano en 2008 ha arrasado en las votaciones, coronándose así, de la mano de un público que vota ajeno a los intereses de grandes organizaciones, como el justo merecedor del mejor Balón de Oro de la historia, de la mano del que fue su primer Balón de Oro.
Un 2008 en el que Cristiano se coronó como la leyenda que apuntaba a ser: uno de los mejores de la historia. Y lo hizo en un año en el que firmó un histórico doblete con el Manchester United, llevando sobre sus hombros a los red devils a conquistar la Champions League ocho años después.
Y es que aquel Cristiano es la antítesis de lo que muchos han conocido. Y el ejemplo perfecto de cuán equivocados están aquellos que reducen la carrera del luso al trabajo duro: su fútbol era la muestra perfecta de técnica, desparpajo, talento bruto y regate, entre muchas otras cosas. Uno de esos elegidos por los que valía la pena pagar una entrada.
Ahora, el mundo del fútbol da su justo reconocimiento a Cristiano. Y lo hace de una forma que no se puede pagar con dinero. Porque Messi siempre ha tenido el apoyo de los peces gordos que mueven los hilos en el panorama futbolístico. Pero Cristiano, como ha quedado hoy claro, tiene el apoyo incondicional de las calles y de los niños que sueñan con ser como él. Y eso no hay dinero que lo compre.