
Si el Real Madrid demostró algo en el Clásico del domingo es que los partidos de ese calibre se ganan de una única forma: jugando como un equipo. Una máxima que el conjunto blanco cumplió desde el minuto 1 hasta el 98, en el que ninguno de los jugadores sobre el verde negoció un solo esfuerzo.
Sin embargo, es de justicia también reconocer que los grandes escenarios requieren grandes estrellas. Y hay futbolistas que nacen con esa estrella colgada del pecho, que han nacido para jugar partidos de ese calibre. Y si uno de ellos se coronó como un jugador de grandes noches el domingo, fue Marc Cucurella.
La exhibición de Cucurella, en números… y sensaciones
Y lo cierto es que no lo tenía nada fácil el lateral español. Al tocarle bailar con la más fea, todo parecía apuntar a una noche de puerta grande o enfermería. Y a juzgar por las palabras de Lamine Yamal, que aseguró durante el Mundial que se iba a “comer a Cucurella en el primer Clásico”, en Barcelona la confianza en su estrella era absoluta.
Cucurella, por suerte, habla donde importa: en el campo. Y desde el primer encuentro que tuvieron ambos sobre el verde, el lateral dejó claro al tercer clasificado en el Balón de Oro que no tendría una noche sencilla. Y tal fue así que ni siquiera apareció en todo el partido.
Marc hizo una actuación estelar, de esas exhibiciones defensivas que pasan a la posteridad y que se deben poner en todas las escuelas que quieran impartir una clase maestra sobre cómo se debe defender en un gran escenario. Y el hecho de secar a Lamine debería ser motivo más que suficiente para dar crédito al lateral.
Sin embargo, las cifras también acompañaron a lo que se vio en el campo: Cucurella firmó 6 recuperaciones, 5 despejes, 3 entradas y 3 intervenciones, entre otras muchas estadísticas, que convirtieron la banda izquierda del Camp Nou en un muro contra el que Lamine se estrelló una y otra vez.
Pero las cifras no son nada en comparación con lo que se vio sobre el césped. Las sensaciones daban pie a un Lamine Yamal desesperado, sabedor de que no podría atravesar el muro levantado por el que fue uno de sus grandes aliados durante el Mundial. Así lo pretendía Cucurella, y así fue finalmente.
Una exhibición que mostró la combinación perfecta entre disciplina táctica y sacrificio físico, que fueron las dos claves gracias a las que Cucurella abandonó su primer Clásico por la puerta grande del Camp Nou, aunque para desgracia para el aficionado del Barça, con una camiseta distinta a con la que se formó.
Pero más allá de su excelente actuación y de haber secado al autodenominado mejor jugador del mundo, la del domingo fue la presentación de Cucurella para el madridismo como estrella en las grandes noches. De esos jugadores capaz de decidir partidos… y de brillar con luz propia en los escenarios más importantes.