
Durante los tres primeros meses de esta segunda etapa al frente del Real Madrid, son varios los aspectos en los que José Mourinho ha hecho un especial hincapié. La mayoría de ellos, evidentemente, tienen una relación directa con el aspecto futbolístico. Otros, sin embargo, van un paso más allá.
Uno de los mantras del técnico portugués a lo largo de su carrera ha consistido en controlar todos los aspectos relativos a su equipo. Y gracias, en gran parte, a ese control total, ha logrado hacer de sus equipos grupos totalmente sólidos. Precisamente eso es lo que busca ahora en su nuevo Real Madrid, y por ello, las filtraciones se han convertido en una de sus principales preocupaciones.
La determinación de no volver a tropezar con la misma piedra
No ha habido prácticamente ni una sola rueda de prensa desde que arrancase de manera oficial la temporada en la que Mou no haya hablado de las filtraciones. Una obsesión que viene de lejos, puesto que, en su primera etapa al frente del conjunto blanco, este fue uno de los grandes lastres de su equipo.
Mucho se ha hablado respecto a lo que sucedió en aquel vestuario, en el que fue, en palabras tanto del propio Mou como de algunos de los integrantes del vestuario, el principal punto de ruptura de su primera etapa. En aquel momento, el luso no pudo preverlo. Pero ahora sí puede. Y está dispuesto a hacer todo lo que sea necesario.
Su última intervención respecto al tema tiene una relación directa con la posible filtración de alineaciones. Hasta la fecha, ninguna alineación del luso se ha filtrado, lo cual brinda al luso, según sus propias palabras, un feedback positivo respecto a lo que sucede dentro del vestuario.
“Si el equipo no sale es un ‘feeling’ positivo porque significa que los jugadores no han hablado, los médicos han cerrado la boca…”, aseguró el portugués. Un Mou que, por otro lado, también recalcó la enorme diferencia entre la filtración de una titularidad y de un cambio de sistema.
Ahora, 13 años después, Mourinho ha vuelto al ruedo, y sus primeras semanas están siendo muy fructíferas en lo que se refiere al tanteo de las filtraciones. Los jugadores, cuerpo técnico, staff médico y todas las áreas cercanas al primer equipo ya están advertidos, pero Mou también está tanteando quiénes podrían ser los receptores de información interna.
Una obsesión que, sin conocer los antecedentes, podría parecer hasta cierto punto exagerada. Pero la realidad es que su etapa de blanco comenzó con una importantísima filtración antes de su primer Clásico, dando a conocer que Pepe jugaría en la medular y, desde entonces, su obsesión por encontrar al topo del vestuario no desapareció jamás.
Con el tiempo, aquel asunto del topo fue empeorando, y aún a día de hoy, aún no hay confirmación de quién pudo ser el acusado por Mou. Sin embargo, las decisiones posteriores del luso con su plantilla, y las declaraciones de las piezas implicadas a lo largo de la última década pueden dar a entender quién consideró culpable el portugués.
Una obsesión que lo único que busca es que el Real Madrid no salga perjudicado ante intereses ajenos. Porque lo que no terminó de calar en un sector del madridismo es el hecho de que el luso no atacó directamente al filtrador por faltar a su confianza, sino porque esas acciones perjudicaban al club. Y Mou no está dispuesto a pasar por lo mismo.